
Conocidos son los escándalos producidos por las sucesivas bajadas de propaganda, los cortes de las caras de los carteles y bajar los rayados de todos los candidatos en las comunas. Lo complejo fue lo ocurrido en Lo Prado, dónde se utilizó un vehículo municipal para realizar este tipo de acciones. O el escándalo de Chahuçan Vs. Joaquín Lavin.
Hoy en el noticiario de canal 13 mostraban las MIPYMES que se forman en torno a las campañas políticas. Es interesante observar que todo se ha mercantilizado como: los diseños de campañas, las georeferenciaciones, las encuestas, los rayados de las murallas, la papelería (que contaminación), las palomitas, las niñas del puerta a puerta, los minutos en la radio, en fin una cantidad de merchandising, que francamente es espeluznante. Pero estas famosas guerras ¿Por qué se provocan?
Escuchamos muchas veces, el tema del binominal tratado de manera trivial, especialmente por la gente de la izquierda que reclama contra la exclusión y la mala calidad de la democracia, sin embargo hoy podemos ser testigos de los problemas causados por la competencia interna de las listas tanto al interior de la Concertación como de la misma Coalición por el Cambio.
La competencia interna que se da dentro de las listas, en primer lugar es horrible porque no solo te obliga a competir con tus rivales, sino además con tu compañero de lista, dicha batalla, para los ideólogos del sistema implicaría maximización de la votación pero a su vez, sobrerrepresentación de la segunda fuerza política, generando el constante empate en el Congreso.
Ahora bien, en torno al problema de las circunscripciones, desde mi perspectiva es otro problema, ya que las elecciones se centran en una competencia allegada a redes clientelares más que a competencia por ideas, generando una escasa diferenciación entre los candidatos, y confundiendo a los electores sobre la verdadera labor de los parlamentarios. Cuando observamos a los candidatos haciendo campaña en los niveles territoriales, es usual andar con asistentes sociales que van “derivando” los casos, y prometiendo tal o cual cosa, con tortas y onces para las abuelitas (para que hablar del padrón electoral envejecido).
Algunos parlamentarios, al inicio de éste gobierno no se sentían tomados en cuenta por el ejecutivo, reclamando y sintiendo su labor como un mero buzón encargado de recepcionar los proyectos de Ley de la Presidenta y aprobarlos, y el estilo Bachelet tampoco los incluyó mucho, con la creación de una serie de comisiones para tratar asuntos de interés nacional, quitándole toda relevancia al poder legislativo.
Por último me gustaría volver a resaltar el carácter extraño de éstas elecciones, donde el ordenamiento jurídico actual se encuentra prácticamente obsoleto y tenemos la necesidad de cambiarlo. Ojalá el próximo presidente, tenga la capacidad de convocar a un gran pacto social por una nueva institucionalidad. Sinceramente, creo que las listas nacionales, darán un nuevo aire a la política chilena y al Congreso.

